En la Antigüedad encontramos las primeras manifestaciones de interés por las enseñanzas artísticas a manos de Platón y Aristóteles. Ya desde entonces veían en el arte no sólo belleza, sino también utilidad.
Durante la Edad Media el arte es considerado como un mero oficio manual. Se enseñaba en talleres de trabajo y se centraba en la calidad de los materiales empleados y la buena técnica, sin esperar ningún tipo de innovación estilística o aportación personal del autor. El buen aprendizaje está considerado como la amplia experiencia y la imitación de profesionales reconocidos.
Ya en el Renacimiento y el Romanticismo aparecen las primeras escuelas y academias de dibujo. Éstas basaban sus enseñanzas en el dibujo como fundamento de todas las bellas artes y a ellas acudían únicamente los alumnos encaminados a profesiones artísticas. La enseñanza del dibujo se basaba en la copia de láminas geométricas, dibujos de grandes maestros y finalmente el dibujo del natural. Además se acompañaba de materias teóricas como la perspectiva, la anatomía y la historia del arte. Este sistema perdura hasta finales del siglo XIX.
A partir de entonces se organizan por primera vez los sistemas educativos, en los que se incluyó el dibujo como materia obligatoria. La gran novedad reside en la intención de enseñar el dibujo al conjunto de la población, ya que se consideraba necesario para el desarrollo tecnológico y la fabricación industrial. Se enseñaba por una parte el dibujo artístico para la representación de la belleza, y por otra el dibujo más técnico para la descripción exacta y objetiva de cualquier forma.
Durante la segunda mitad del siglo XIX aparecen multitud de métodos y manuales de dibujo basados en la copia de láminas.
A comienzos del siglo XX se descubre el arte infantil, lo que supone grandes novedades en la concepción de la enseñanza artística. El modo característico de dibujar de los niños dejó de considerarse como un cúmulo de errores para ser entendido como la manifestación del modo en que los niños perciben el mundo. Poco a poco se descubre un nuevo modo de representación mucho más vitalista y personal que abrían las puertas a nuevos paraísos visuales. Se descubre el arte infantil como una nueva forma de producción pictórica mucho más espontánea y pura, pues no tiene influencias culturales ni trabas sociales. La consecuencia más clara de estos acontecimientos fue la incorporación del dibujo libre y espontáneo a la Escuela de Artes y Oficios de Viena. El dibujo infantil se convirtió, además, en objeto de investigaciones psicoeducativas.
Es a partir de la segunda mitad de siglo cuando aparece el concepto de "autoexpresión creativa".
Ésta tenía como fundamento el desarrollo pleno de la personalidad del niño: su sensibilidad, creatividad personal, posibilidades expresivas, su autoestima, etc. El objetivo es que a través del arte aprendan a ser personas. Lo importante es, por tanto, el efecto que éste produce en las personas y no el resultado. Es así como el dibujo libre y espontáneo se convierte en la base fundamental de la educación artística. Durante este período se considera que la imitación de otros coíbe el desarrollo de la propia personalidad y se le da mayor relevancia a la propia capacidad creativa.
En 1951 la UNESCO organiza un seminario sobre educación artística que concluye con la fundación en 1954 de la Sociedad Internacional de Educación a través del Arte (INSEA). Esta organización se convertirá en la más importante de Educación Artística a nivel internacional. Entre otras novedades se aprobó la obligatoriedad de la Educación Artística en la escuela primaria y la libre expresión como método de enseñanza.
En la década de los 70 se produce un rotundo cambio en el entendimiento de la Educación Artística. El psicólogo Arnheim demostró que la percepción visual es un proceso cognitivo activo y complejo, lo que produjo grandes consecuencias educativas. La imagen ya no es únicamente la expresión de emociones y sentimientos, sino una forma de pensamiento. La causa principal de esta nueva idea de arte fue el desarrollo de los nuevos grandes medios de comunicación visual, principalmente la televisión. Se observó que la capacidad comunicativa de las imágenes ya no residía tanto en sus valores artísticos o estéticos, sino en la capacidad de llegar de forma rápida y rotunda a un gran número de personas. La relación entre el lenguaje verbal y el visual se intensificó y comenzaron a buscarse y estudiarse los elementos básicos de este nuevo lenguaje, así como las reglas y normas que regulaban las relaciones entre dichos elementos y los códigos con que interpretar sus significados. Dondis estableció los siguientes: el punto, la línea, el contorno, la dirección, el tono, el color, la textura, la proporción, la dimensión y el movimiento. El currículo fue cambiando dándole mucha importancia al estudio de estos elementos básicos del lenguaje plástico y sus diferentes combinaciones.
También en esta década se promovieron numerosos proyectos educativos en las enseñanzas artísticas. El de mayor repercusión fue la DBAE, promovido por Elliot W. Eisner ya en la década de los 80. El objetivo fundamental de este proyecto era que el alumnado comprendiera y apreciara el arte a través del conocimiento de teorías y conceptos artísticos, así como de la propia experiendia creadora. Se estructura en cuatro disciplinas: la estética, que desarrolla las teorías y conceptos sobre la naturaleza del arte; la crítica de arte; la historia del arte; y finalmente las diferentes modalidades artísticas (dibujo, pintura, cerámica, arquitectura, etc.). Se entiende que el currículo debe integrar todas y cada una de estas disciplinas de forma equitativa.
El conjunto de obras de arte que deben estudiarse ha de ser amplio, incluyendo las bellas artes, las artes populares, el diseño y las artesanías, tanto de todas las culturas como de todas las épocas. Se trata de educar a personas capaces de enfrentarse al mundo del arte y la cultura con asiduidad y criterio. La DBAE considera que el conocimiento en profundidad de las mejores obras de arte sirve de apoyo y estímulo, y fomenta la creatividad.
En los últimos años estas ideas han sido cuestionadas, intentando integrar en el currículo imágenes más cotidianas y cercanas a los alumnos, así como las nuevas disciplinas emergentes aún no consolidadas.
Comentario personal
Es difícil estipular cuál de los metodos seguidos a lo largo de la historia es el más correcto. En mi opinión creo que la Educación Artística en la actualidad es un caos. En los colegios no se le da ninguna importancia y tanto alumnos como padres lo consideran una pérdida de tiempo con respecto a la formación curricular. En gran parte creo que esto es problema de los propios profesores que, en su mayoría, se dedican a "entretener" a los niños con actividades "facilonas" carentes de objetivos reales.
En cuanto a la organización de la Educación Artística, creo que deben diferenciarse dos etapas. Por un lado la primaria, donde la plástica debe ir enfocada al desarrollo de la personalidad del niño. Es decir, utilizar el arte como vehículo para alcanzar el pleno desarrollo de los niños. En esta etapa nada de "historia del arte" que pueda influir en la capacidad creativa y expresiva de los alumnos.
Por otro lado la secundaria. En esta etapa los niños tienen ya más formada su personalidad y empiezan a tener sus propios criterios. Es entonces cuando empezaría a hablarles de Arte a través de la historia del arte y de clases teórico-practicas enfocadas a comprender y crear comunicación artística. De este modo, la Educación Artística se fundamentaría tanto en el conocimiento como en la propia experiencia creadora. Se formaría a niños con capacidad crítica y de posicionamiento en los distintos ámbitos artísticos (autor, crítico, espectador).
27 de febrero de 2010
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